Con poco juego, sufrimiento y oficio: así edificó Central una victoria que vale oro

Para Rosario Central no había margen para especular. La noche pedía una victoria y el equipo de Jorge Almirón la consiguió. No fue una actuación lujosa ni mucho menos dominante, pero el 1-0 sobre Libertad terminó teniendo un valor enorme. Porque lo dejó prácticamente con un pie en los octavos de final de la Copa Libertadores y porque volvió a demostrar que este equipo sabe responder cuando el contexto aprieta.
El Canalla construyó el triunfo desde el esfuerzo más que desde el juego. Con overol antes que con smoking. Sin demasiadas luces, pero con la eficacia suficiente para quedarse con tres puntos que cotizan altísimo en el Grupo H.
Nada que ver con aquel partido en Paraguay. Esta vez Libertad no se dejó atropellar y Central tampoco encontró las herramientas para imponer condiciones desde el arranque. Todo se volvió lento, trabado y previsible. Apenas alguna conexión entre Ángel Di María y Jaminton Campaz insinuó algo distinto en un inicio donde el conjunto rosarino jugó demasiado lejos del arco rival.
Incluso, el primer susto fue para el local, cuando a Jeremías Ledesma se le escapó un tiro libre y la pelota pegó en el travesaño. Después Conan volvió a responder ante un remate de Alexis Fretes para sostener el cero en un momento incómodo.
Central nunca logró soltarse. Di María estuvo errático, Campaz lejos de su mejor versión y Vicente Pizarro no consiguió hacerse dueño del ritmo del partido. Todo era cuesta arriba y el equipo parecía depender más de alguna jugada aislada que de una construcción colectiva.
La gran oportunidad apareció antes del descanso. Alejo Véliz ganó dentro del área y el VAR llamó al árbitro Wilton Sampaio, que terminó sancionando penal. Pero Morínigo le ahogó el grito a Di María dos veces: primero en el remate y después en el rebote. El Gigante no podía creerlo.
El alivio recién llegó en el complemento. Tras el ingreso de Enzo Copetti por Campaz, Central modificó algo el dibujo y encontró en la pelota parada lo que no podía fabricar desde el juego. A los 11 minutos, un córner ejecutado por Di María terminó en una atropellada de Ignacio Ovando dentro del área para empujarla y desatar el desahogo en Arroyito.
A partir de ahí, el partido quedó abierto para ver si Central podía manejarlo con mayor tranquilidad. No lo consiguió del todo, aunque tampoco sufrió demasiado. Libertad mostró limitaciones claras y el Canalla administró la ventaja con oficio, aun sin sobrarle nada.
Hubo alguna aproximación más de Copetti y un intento de Pizarro, pero el equipo de Almirón ya jugaba otro partido: el de sostener una victoria que podía valer media clasificación.
Y así fue. Sin una gran noche futbolística, pero con personalidad para sacar adelante un partido incómodo, Central volvió a cumplir. Ganó, quedó líder y dejó la puerta de los octavos completamente abierta.
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